Lunes, 19 Noviembre 2018 16:20

CHAU TRIACA ¿CHAU TRABAJO?

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En esta semana fue anunciada la renuncia del Ex ministro de trabajo (y ex secretario de trabajo) Jorge Triaca. No se le buscara remplazo y su función será plenamente asumida por Dante Sica, el Ministro de la Producción y Trabajo,  quien quedo mejor posicionado en la reducción de Ministerios Nacionales[1] llevada adelante por Macri en plena negociación con el FMI, con el objetivo de lograr el déficit cero.

La Renuncia de Triaca era esperada hace muchos meses. Varios escándalos sacudieron su gestión, el más importante el de su empleada doméstica precarizada, la cual informo que hace varios años trabajaba en esas condiciones con la familia del ex funcionario. También el de intervenir sindicatos y beneficiarse económicamente con la misma como también instalar candidatos cercanos a su gestión. Con menos eco mediático también estuvo lo sucedido en su propia cartera laboral: ante una huelga por atrasos salariales de varios meses de trabajadores tercerizados de maestranza, Triaca contrató una empresa para que ingresara de noche a limpiar el Ministerio de Trabajo.

El hijo del ministro de trabajo de Menem y compañero de Macri en colegio Cardenal Newman, tuvo la cintura política para salir de esas situaciones. Sin embargo quedo debilitado hacia el interior del gobierno y quedó con una imagen pública muy desgastada. La gota que rebalso el vaso, fue la actualización de varias paritarias de gremios claves en la economía argentina, la cual fue criticada arduamente por la Unión Industrial Argentina (UIA). Este hecho, llevo a que se aceleren los tiempos y que Dante Sica fuese quien llevo adelante la negociación por el bono de fin de año con la CGT[2] y varias cámaras empresariales. Cerrando la etapa con la ya anunciada renuncia.

Lejos de preocuparnos por el destino del ex funcionario, los que nos interesa pensar es que implica para los trabajadores y trabajadoras de todo el país que el Ministerio de Trabajo deje de existir.

 Como primer cuestión a analizar es el desarrollo histórico del estado. La clase dominante (incluido el progresismo) intenta hacernos creer el carácter atemporal del Estado. Quiero hacernos creer que ha existido siempre, nos quiere hacer creer que nunca ha tenido un origen y que por ende, nunca dejara de existir. La forma que va tomando el Estado, se modifica según el nivel de conflictividad social, tanto a nivel local como internacional, y la relación de fuerza de las dos clases sociales fundamentales: la capitalista y el proletariado. Como se plantea hasta el momento, lejos está el Estado de ser una institución neutral, que se eleva por encima de ambas clases sociales. Dicho de una manera más simple "el estado NO somos todos y todas". El Estado es el modo organización política específica del sistema de producción capitalista y las instituciones que surgen en el -ya sean Ministerios, Secretarias, la forma de desarrollarse las elecciones- son la cristalización de la conflictividad social. Puede cambiar su forma pero no su contenido. Pueden dejar de existir algunos Ministerios, crearse nuevos, cambiar el modo en que se realizan las elecciones o incluso dejar de haberlas pero nunca perderá su carácter de clase. Nunca dejará de cumplir su función, la reproducción del sistema capitalista.

En relación a la reducción de los Ministerios en general y la de Trabajo en particular, nos perece correcto entender la situación como un nuevo ataque a las condiciones de vida de las trabajadoras y los trabajadores. Es por eso que lejos de defender la existencia de los Ministerios en abstracto, es decir más allá de la situación actual de la clase trabajadora, la desaparición de los mismos es una forma concreta en que se expresa la debilidad de nuestra clase y la avanzada del capital.

El Ministerio de Trabajo fue creado en un momento de alza de la lucha de clases a nivel mundial (Unión Soviética, Guerra Fría, etc.)  Y es una parte importante de la nueva etapa en la relación capital-trabajo que se abre en el país con el peronismo en el gobierno. El objetivo del Ministerio era regular los problemas laborales y de ese modo, institucionalizar parte del conflicto social. Lejos estaba de ser algo nuevo la mediación del estado entre obreros y patrones, pero sin duda, hubo un salto cualitativo (varios ejemplos se pueden encontrar sobre la mediación de Estado en conflictos laborales, por ejemplo, en el gobierno e Irigoyen. De igual manera, la represión a los trabajadores vigentes hasta nuestros días).

En oposición a aquellos años donde la burguesía había entendido de que “Es necesario saber dar(…)a tiempo que perder todo a posteriori”, la subordinación de Trabajo al ministerio de Producción, implica no solo la subordinación al Ministerio encargado de atender las problemáticas de los empresarios, a la quita de jerarquía del ministerio que regula las relaciones capital-trabajo (siempre dentro del ámbito capitalista) sino la tranquilidad de la clase dominante y la estabilidad de sus privilegios. Que el Ministerio pierda la jerarquía implica que las relaciones laborales sean entendidas desde el foco de los costos laborales y de la eficiencia, en oposición a verlo desde las condiciones de trabajo dignas y derechos laborales. La cuestión que hay de fondo, es la no necesidad de atender las problemáticas laborales, ya que el nivel de desempleo y de subocupación (los ocupados que, si bien tienen un empleo, buscan activamente otro) es del 9.6% y 16% respectivamente y ambos datos crecerán en los próximos meses[3].

La situación se agrava más aún cuando el gobierno nacional decide trasladas la Secretaria de Seguridad Social, junto a la ANSES, al Ministerio de Desarrollo Social. Esta cuestión implica que la seguridad social deja de estar relacionada con la vida laboral y pasa a ser entendida como un beneficio. Las jubilaciones, las cargas familiares, etc. ya no se entienden como un derecho laboral, se desliga de esta cuestión para ser algo similar a un “plan social”. Esta cuestión, sumada al traspaso de la ANSES, deja las puertas abiertas –sumado a la incesante necesidad de lograr el déficit cero del gobierno- a una futura re privatización de las jubilaciones o por lo menos, a la posibilidad de optar. Además, el traspaso de la ANSES, le brinda una inmensa fuente de recursos a la ministra Stanley, en un momento donde la crisis social se agiganta y a las puertas de un año electoral.

Por último, no tenemos que ver la quita de jerarquía de Trabajo como un hecho aislado contra los intereses de la clase trabajadora. Estos ataques, toman varias formas: la nueva ley de ART, la imposibilidad de la doble vía de indemnización ante un despido, la nueva baja de las jubilaciones votada en el Congreso, las modificaciones de los CCT, las paritarias en cuotas y por debajo de la inflación, el intento de reforma laboral y un sinfín de etc.

A modo de cierre, podemos mencionar que la conquista de derechos por parte de la clase trabajadora, le ha costado arduas luchas, prisión y sangre a consta de los distintos gobiernos. Sin embargo, la cristalización de estos derechos en el Estado es presentado por éste como su opuesto: una sesión de la clase dominante al proletariado.

En un periodo de ajuste que se encuentra en su etapa inicial, la defensa de los mismos resulta indispensable para garantizar una vida digna para las inmensas mayorías. Como ya es sabido, los derechos se defienden a diario, porque lejos se encuentran de ser eternos. El único modo de lograrlo, es por medio de la independencia de clase a la hora de tomar nuestras decisiones – de modo democrático- y conquistando las calles. El futuro, como siempre, se encuentra en nuestras manos.

 

 

[1] Decretos 801/2018 y802/2018.

 

https://www.boletinoficial.gob.ar/#!DetalleNormaBusquedaAvanzada/190818/20180905

 

https://www.boletinoficial.gob.ar/#!DetalleNormaBusquedaAvanzada/190820/20180905

 

[2] Sobre la firma del bono http://asambleadetrabajadores.online/index.php/component/k2/item/26-maldita-burocracia-maldito-bono

[3] Datos brindados por el INDEC

https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/mercado_trabajo_eph_2trim18.pdf

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Alan Lericino

Trabajador del estado. Militante sindical

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