Lunes, 24 Agosto 2020 00:45

SIN BOLETO

Tenemos el agrado y honor de socializar las memorias llamadas "SIN BOLETO" del trabajador del transporte Benito Luna. Esta es la primera parte que vamos a estar sacando para que puedan socializar y entender el proceso de organización que han desarrollado los trabajadores y las trabajadoras del transporte.

Aquí la primera parte

 

 

Un recorrido  por la  historia de la UTA.

 

Al privatizarse  la Corporación de Transportes de Buenos Aires (CTBA) realizada por el gobierno de Arturo Frondizi en 1961,  en lugar de pagar las indemnizaciones al personal que se componía de conductores, inspectores, mecánicos y administrativos, le entregaron al personal, galpones, coches y  herramientas,  estos formaron  varias empresas, de acuerdo a donde tenían su estación

Cada empresa formo una SRL, eligió su directorio y armó  sus respectivos estatutos los cuales en todas las empresas eran muy similares, que si uno se pone a pensar es como si los hubieran hecho con un fin determinado, por ejemplo algunas cláusulas: las acciones de la empresa se determinarían por la antigüedad del trabajador que venía de la Corporación, así por ejemplo un año de antigüedad una acción, dos años dos acciones y así sucesivamente, es así que los directorios se formaban con los mas antiguos y en las asambleas cuando había que votar, el voto no era nominal sino que era por acciones, es decir que cuando votaba uno que poseía varias acciones valía muchas veces el voto de uno que tenía solo una acción, otra de las cláusulas del estatuto era que ningún socio podía vender sus acciones fuera de la empresa.

 

 Es así que con el tiempo se fue formando en el directorio una tiranía de un grupo acomodado contra todo aquél que protestara o intentara oponerse al directorio y sus aliados, lo mandaban e perseguir por los inspectores, lo llenaban de partes y suspensiones, y también le podían hacer una “cama” y ser acusado de “chivero”  y  lo obligaban a renunciar e irse de la empresa, pero antes tenía que vender sus acciones que obviamente se las compraba el directorio y así se  hicieron dueños de la mayoría de las acciones de la empresa, a los que echaban los iban reemplazando con peones, así nos llamaban a los que no éramos accionistas. Solo quedaban los accionistas chicos con muy pocas acciones.

 

En el año 1971 mi tío Manuel Daas, que también fue chofer en la Corporación  me “recomienda” y  empiezo a trabajar en la Empresa Transportes Centenera, que tenía la estación en José Bonifacio y Centenera en Capital Federal,  líneas  26, 82 y 83, esta también  fue una  de las estaciones  que pertenecían a la vieja Corporación de Transporte de Buenos Aires. 

 

Tuve la suerte de que ya para ese entonces los peones habían constituido un cuerpo de delegados muy honestos, Pablo Fredes, Eduardo Pesqueira, el vasco Fernando  Lizarza y el santiagueño Manuel Santillán.

Los delegados nos reunían en grupos de a cuatro o cinco y nos enseñaban nuestros derechos, yo apenas sabía leer y escribir, fui a la escuela solo hasta el segundo grado en mi pueblo Federal Provincia de Entre Ríos, así que me fui “puliendo” principalmente en matemáticas que era mi principal problema. 

 

 Los delegados  nos invitaban en los días francos de a uno o dos  a concurrir con ellos al sindicato para ir conociendo la Organización Gremial y a los dirigentes, así es que al año siguiente fui elegido como integrante de la comisión de reclamos.

 

La empresa se iba deteriorando, los coches descompuestos se iban apilando al fondo del corralón y se iban sacando los repuestos de estos para arreglar otros, la empresa en sus mejores tiempos había comprado coches para hacer viajes de larga distancia, contaban  que la línea 26 había sido  muy rentable ya que va por corrientes desde Gascón  hasta el Luna Park.

 

 En los últimos tiempos   los de larga los  fueron prendando para comprar algunos repuestos a un importador de apellido Prudens que estaba por ahí cerca del Luna Park, la empresa Centenera tenía en su flota el 95% de coches Leyland importados de Inglaterra, los Royal Tigre vinieron carrozados, los Olimpic,  fueron carrozados en una carrocería del barrio de Mataderos.

 

Mi tío Manuel me contaba que en la época  de la Corporación de Transportes de Buenos Aires, empresa Estatal donde  los turnos eran de 7 horas, todas las horas extras  excedentes se cobraban con el cien por ciento de recargo, el conductor solo manejaba y el guarda se encargaba de cobrar  los boletos y  organizar la subida y bajada de los pasajeros. La empresa proveía del uniforme, pantalón con cordones verdes en los dos lados, camisa, zapatos negros, sobretodo, la clásica gorra que tenía   una “chapita” que  identificaba al   guarda y conductor.

 

Con la privatización empezó a proliferar el trabajo en negro, por vueltas o por kilómetro y así se perdieron las 7 horas y se consumó una de las maniobras mas descaradas para eliminar la función del guarda, que consistió en pagarle los dos sueldos al conductor que trabajaba solo haciendo las dos tareas, esta claro que esto no podía haber ocurrido sin la complicidad de la dirigencia de la UTA, ya que en las escalas salariales apareció el rubro conductor-guarda y “boletera”.

 

Poco duró la plata dulce por que se las ingeniaron para ir eliminando el valor del sueldo que tenía el guarda, cuando  “discutían” paritarias y se conseguía, por ejemplo un diez por ciento,  el 9% iba  para el básico y el 1% para la boletera, de manera que en pocos años el rubro boletera no alcanzaba para comprar un paquete de cigarrillos.

 

 

Fin de la primera parte.

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