Martes, 06 Noviembre 2018 01:30

¿ Dónde están las direcciones sindicales'

 ¿Dónde están las direcciones sindicales?

El uso de infiltrados, la colocación de barretas de hierro al activismo por parte de la policía y la represión desatada a los manifestantes que se movilizaron el pasado miércoles 24 de octubre para reclamar en contra del feroz ajuste y la eliminación de derechos contemplados en el presupuesto 2019, son la prueba palmaría, por si hacía falta, de que el gobierno de Ceos y empresarios no solo aplican medidas económicas que privilegian sus intereses y ganancias, sino que además está dispuesto a descargar sobre sociedad medidas represivas y persecución al activismo para llevar adelante dicho plan. En resumen, el ajuste no cierra sin represión.

El presupuesto en discusión -que ya cuenta con media sanción en diputados- como todos es el programa de gobierno, su plan de acción para el 2019 en donde se puede ver las decisiones políticas y económico-sociales de los sectores de poder que dirigen el estado. La particularidad que tiene este, es que el gobierno en esta ocasión está constituido no solo por representantes políticos de los grupos de poder económico y financiero, sino que son ellos mismos, empresarios, oligarquía financiera, burguesía terrateniente, los que dirigen el gobierno en forma directa. Otra peculiaridad es que este presupuesto fue diseñado, escrito y supervisado por las autoridades del FMI, con el único fin de cobrar la deuda contraída por este gobierno y que en plena devaluación permitió la fuga de u$u 7.500 millones de dólares.

Así que hoy tenemos el presupuesto del 2019 apoyado y escrito por sectores más concentrados del poder económico de nuestro país asociados a la oligarquía  y el imperialismo financiero mundial.

Juzgarás al árbol por sus frutos. Y los frutos de este árbol son el ataque más feroz en contra de la clase obrera y de la inmensa mayoría de los sectores populares bajos y medios.

La crisis abierta en las  direcciones sindicales aquel 7 de marzo de 2017, cuando los trabajadores movilizados arrancaron un paro general y tomaron el palco cegetista, todavía no cerró. Una misma naturaleza tiene la crisis que atraviesa a las diferentes versiones del peronismo, esto es la relación con su base, la representatividad que ejercen en el descontento social, poca o ninguna.

Las masas obreras y de los sectores populares entienden que los integrantes del modelo del gobierno macrista son una banda de saqueadores, cínicos que entienden al país tan solo como modelo de negocios en donde el estado es un coto de caza para asegurar el crecimiento de sus riquezas.

Esas masas populares esperan acciones concretas de sus dirigentes y poco a poco vienen alimentando la esperanza de que el gobierno se vea obligado a adelantar su partida. Agotadas por el empeoramiento de las condiciones de vida, víctimas del vaciamiento educativo y hospitalario, de los despidos y suspensiones, de los tarifazos descomunales, del cierre de empresas y caídas en las ventas. Todos ellos aprovechan cuanta ocasión surja para poder reclamar y movilizarse contra el gobierno.

Pese a la proximidad de las elecciones en el 2019, mucho es el daño que todavía puede hacer un machismo en retirada. Más allá del desgaste del gobierno, lo cierto es que del lado de enfrente no hay nada, ninguna alternativa que de algún modo agrupe el descontento maximizando las fuerzas orientándolas hacia una salida que contemple los intereses de las mayorías populares.

Esta orfandad o crisis de dirección cada vez se hace más evidente y no depende tan sólo de las  ofertas -que hay muchas-, sino de la capacidad de articular una fuerza social organizada que dé respuestas alternativas el neo liberalismo en su peor etapa, la más salvaje.

En la última movilización, el sindicalismo combativo, sectores afectados por las políticas de gobierno, movimientos sociales y otros, nuevamente salieron a la calle a reclamar. Si no se ha hecho más efectiva la demanda es por la ausencia cómplice de las direcciones del movimiento obrero que desoyen a sus bases y trabaja para la desmoralización. El aparato burocrático sindical, en especial el de la  CGT, aplasta las luchas, aísla los reclamos y persigue al activismo que lucha y reclama. Este es el principal problema del movimiento obrero.

En lugar de direcciones representativas, democráticas y dispuestas a pelear y enfrentar al gobierno y sus políticas liberales, los sindicatos y organizaciones obreras están en manos de burócratas sindicales que cobran millonadas para atar de pies y manos al descontento y la bronca que crece en fábricas,  talleres y barriadas obreras.

Mientras el gobierno nacional, aliado a los gobiernos provinciales, avanzan en un plan de vaciamiento y ajuste, crece el reclamo de que el gobierno se tiene que ir. Las direcciones políticas y sindicales desoyen ese reclamo.

El drama para la clase obrera y los sectores bajos y medios tiene como solución en las construcciones unitarias que busquen consolidar una alternativa de lucha y enfrentamiento a las políticas liberales.

En la medida en que vayamos recuperando nuestros sindicatos como una verdadera herramienta de lucha, construyendo alianzas con otros sectores afectados, aplicando el método de democracia sindical y asambleas para decidir entre todos, que conversemos y debatamos acerca de que tipo de país queremos, como desarrollar una ciencia, una educación y salud pública de calidad al servicio de las amplias mayorías populares también estaremos contribuyendo a resolver que tipo de dirección sindical y  política, bajo que banderas hay que nuclearnos. De esas alianzas de esos debates se destacarán los hombres y mujeres para construir una nueva dirección.

 

 

 

 

Publicado en NOTICIAS

La última semana de septiembre en Rosario se dio el Congreso de Juventud sindical metalúrgica peronista, un armado político del aparato oficial que entrelaza las regionales bajo la supervisión de la conducción buscando educar, adoctrinar, infectar la cabeza de los sectores jóvenes -y no tanto- con una ideología entreguista, negociadora dispuesta a justificar ventas de derechos, avances de reforma laboral al interior de cada fábrica a pedido de la necesidad de cada empresario.

En dicho congreso el secretario general, Antonio Caló,  reconoció un total de despidos cercano a 50.000 afiliados, con el peligro de que la cifra aumente en 60.000 ante la ola de suspensiones en el país. Cifras estas que niegan y no contemplan a los compañeros tercerizados, por agencia o en negro, lo que elevaría el drama de la desocupación a números  escalofriantes y demuestra o comprueba el total abandono y la división entre trabajadores a la que apuesta la burocracia sindical metalúrgica y otras.

La desocupación es utilizada por la clase patronal y/o empresaria para extorsionar a la clase obrera. Aumentan el número de desocupados para presionar a la baja nuestros salarios y meter medidas de ajuste en las fábricas. Hemos visto como detrás del verso de cuidar la fuente de trabajo a los metalúrgicos de Tierra del Fuego le congelaron por dos años el salario, como en muchas fábricas los compañeros fueron obligados  a aceptar rebajas o renuncias a los adicionales que de algún modo mejoran nuestro ingreso. Incluso se aceptaron condiciones peores de trabajo, avances en la reforma laboral hecha de facto con la anuencia y la firma de los dirigentes  o el uso de “retiros voluntarios” para disfrazar o encubrir despidos que tampoco entran en el número de las bajas laborales.  Una entrega total.

El fundamento de tal entrega es, según estos dirigentes burócratas, la imposibilidad de desarrollar medidas de protesta debido a la debilidad de la industria. De echo, las únicas medidas que estarían dispuestos a hacer son marchas para “defender la industria nacional “ que sólo contemplan los intereses y las necesidades del empresariado, ya sea solicitando créditos a bajo interés o freno a la importaciones sin discutir la enorme caída de nuestro poder adquisitivo o la defensa de los puestos de trabajo poniendo un freno a la caída salarial y a los despidos.

Dicho argumento es totalmente falso. Es mentira que no se pueda defender a los compañeros. Es mentira que no se pueda pelear por mejores salarios o mejores condiciones de vida. Pretenden que nos convenzamos de esto, que aceptemos salarios miserables y trabajo esclavo para poder “dialogar” mansamente con el gobierno y las empresas la entrega de nuestros derechos. Ellos están preocupados por cuidar sus privilegios, sus fabulosos negociados que les dan sumas millonarias , los más, o sueldos de gerentes de hasta diez veces lo que gana un obrero trabajando llueve o truene, enfermo, lleno de preocupaciones.

La actual dirigencia metalúrgica no sólo es culpable de las medidas de ajuste, achique y flexibilización laboral que se dan al interior de las fábricas, sino que además son el principal impedimento para desarrollar una verdadera lucha ya sea por la defensa de nuestros compañeros, enfrentando los despidos o el vaciamiento de empresas e incluso son incapaces de defender consecuentemente la producción nacional cuando esto implica luchar en contra de las políticas gubernamentales (llama compañeros tanto al presidente Macri como a los ahora secretario de trabajo, Jorge Tríaca o al flamante secretario de producción, Dante Sicca). Es incapaz de plantear un plan de lucha serio y creíble.

La defensa de nuestros puestos de trabajo y la recuperación de nuestro poder adquisitivo es posible y necesaria. Plantear lo contrario es aceptar que la clase obrera sólo puede ser el burro de carga de los empresarios, que no tiene derecho a vestir o comer bien, que los hijos nunca podrán ir a la Universidad o tendrán educación y salud de calidad. La principal traba, el único escollo que tenemos es la actual dirigencia sindical, la repodrida burocracia sindical.

Obviamente lograr  un movimiento sindical amplio y democrático, completamente distinto a lo que existe hoy, que respete la voluntad de las mayorías metalúrgicas no es un camino de la noche a la mañana. Difícil, no imposible.

Hay un reclamo creciente a las direcciones en las fábricas y talleres acerca del silencio ante las injusticias diarias que vivimos, una preocupación por el futuro que plantea un panorama oscuro. Ese reclamo nunca va a ser atendido sino nos organizamos, sino exigimos. El primer paso es organizar esa bronca, ese reclamo.

Lo contrario, aceptar el actual modelo sindical es perpetuar los privilegios de casta de la actual dirigencia. Y ya sabemos lo que esto significa.

Publicado en NOTICIAS