La última semana de septiembre en Rosario se dio el Congreso de Juventud sindical metalúrgica peronista, un armado político del aparato oficial que entrelaza las regionales bajo la supervisión de la conducción buscando educar, adoctrinar, infectar la cabeza de los sectores jóvenes -y no tanto- con una ideología entreguista, negociadora dispuesta a justificar ventas de derechos, avances de reforma laboral al interior de cada fábrica a pedido de la necesidad de cada empresario.

En dicho congreso el secretario general, Antonio Caló,  reconoció un total de despidos cercano a 50.000 afiliados, con el peligro de que la cifra aumente en 60.000 ante la ola de suspensiones en el país. Cifras estas que niegan y no contemplan a los compañeros tercerizados, por agencia o en negro, lo que elevaría el drama de la desocupación a números  escalofriantes y demuestra o comprueba el total abandono y la división entre trabajadores a la que apuesta la burocracia sindical metalúrgica y otras.

La desocupación es utilizada por la clase patronal y/o empresaria para extorsionar a la clase obrera. Aumentan el número de desocupados para presionar a la baja nuestros salarios y meter medidas de ajuste en las fábricas. Hemos visto como detrás del verso de cuidar la fuente de trabajo a los metalúrgicos de Tierra del Fuego le congelaron por dos años el salario, como en muchas fábricas los compañeros fueron obligados  a aceptar rebajas o renuncias a los adicionales que de algún modo mejoran nuestro ingreso. Incluso se aceptaron condiciones peores de trabajo, avances en la reforma laboral hecha de facto con la anuencia y la firma de los dirigentes  o el uso de “retiros voluntarios” para disfrazar o encubrir despidos que tampoco entran en el número de las bajas laborales.  Una entrega total.

El fundamento de tal entrega es, según estos dirigentes burócratas, la imposibilidad de desarrollar medidas de protesta debido a la debilidad de la industria. De echo, las únicas medidas que estarían dispuestos a hacer son marchas para “defender la industria nacional “ que sólo contemplan los intereses y las necesidades del empresariado, ya sea solicitando créditos a bajo interés o freno a la importaciones sin discutir la enorme caída de nuestro poder adquisitivo o la defensa de los puestos de trabajo poniendo un freno a la caída salarial y a los despidos.

Dicho argumento es totalmente falso. Es mentira que no se pueda defender a los compañeros. Es mentira que no se pueda pelear por mejores salarios o mejores condiciones de vida. Pretenden que nos convenzamos de esto, que aceptemos salarios miserables y trabajo esclavo para poder “dialogar” mansamente con el gobierno y las empresas la entrega de nuestros derechos. Ellos están preocupados por cuidar sus privilegios, sus fabulosos negociados que les dan sumas millonarias , los más, o sueldos de gerentes de hasta diez veces lo que gana un obrero trabajando llueve o truene, enfermo, lleno de preocupaciones.

La actual dirigencia metalúrgica no sólo es culpable de las medidas de ajuste, achique y flexibilización laboral que se dan al interior de las fábricas, sino que además son el principal impedimento para desarrollar una verdadera lucha ya sea por la defensa de nuestros compañeros, enfrentando los despidos o el vaciamiento de empresas e incluso son incapaces de defender consecuentemente la producción nacional cuando esto implica luchar en contra de las políticas gubernamentales (llama compañeros tanto al presidente Macri como a los ahora secretario de trabajo, Jorge Tríaca o al flamante secretario de producción, Dante Sicca). Es incapaz de plantear un plan de lucha serio y creíble.

La defensa de nuestros puestos de trabajo y la recuperación de nuestro poder adquisitivo es posible y necesaria. Plantear lo contrario es aceptar que la clase obrera sólo puede ser el burro de carga de los empresarios, que no tiene derecho a vestir o comer bien, que los hijos nunca podrán ir a la Universidad o tendrán educación y salud de calidad. La principal traba, el único escollo que tenemos es la actual dirigencia sindical, la repodrida burocracia sindical.

Obviamente lograr  un movimiento sindical amplio y democrático, completamente distinto a lo que existe hoy, que respete la voluntad de las mayorías metalúrgicas no es un camino de la noche a la mañana. Difícil, no imposible.

Hay un reclamo creciente a las direcciones en las fábricas y talleres acerca del silencio ante las injusticias diarias que vivimos, una preocupación por el futuro que plantea un panorama oscuro. Ese reclamo nunca va a ser atendido sino nos organizamos, sino exigimos. El primer paso es organizar esa bronca, ese reclamo.

Lo contrario, aceptar el actual modelo sindical es perpetuar los privilegios de casta de la actual dirigencia. Y ya sabemos lo que esto significa.

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